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Ahora que la pausa se ha adueñado del mundo, del deporte, del fútbol y de nuestro Barça, tal y como se destaca últimamente en las Redes Sociales, “Viviremos de recuerdos”. Afortunadamente, los culés y en general los aficionados al fútbol podemos recordar varios goles de Leo Messi, sin necesidad de verlos. Cualquiera podría hacer una lista enorme de maravillosas obras de arte que nos ha dejado el astro argentino sobre el césped.

Recordaremos cinco, solo con palabras, seguro que a la gran parte de nosotros se nos viene a la mente la secuencia de manera perfecta y nos trasladamos instantáneamente a cuando los vivimos y nos levantamos del sofá, de la silla del bar o de la butaca del estadio, tratando de asegurarnos que no era un videojuego.

Año 2010, La Romareda, Ander, jugador del Zaragoza se hace un lío en la medular del terreno de juego y Messi incrusta su pierna izquierda entre el balón y el rival. Las piernas de ambos se enganchan, pero el argentino fija su vista en el balón y el contrario acaba cayendo, es aquí cuando inicia su excursión hacia la portería rival como si no hubiera un mañana. Un rival le sale al paso tirándose al suelo y lo supera con un ligero toque, hasta que llega al área. Aquí le espera Contino, central italiano, que por un momento piensa que Leo se irá hacia su derecha, porque todo hacía indicar que así sucedería. Pero viniendo de Messi, nada es lo que parece, y vuelve a cambiar su trayectoria utilizando solamente el pie izquierdo en una maniobra perfecta y bate al portero del equipo maño poniendo al estadio en pie. Asombroso.

Champions 2011, Camp Nou, descuento de la primera parte, Iniesta deslumbra al estadio con un pase entre las piernas de tres futbolistas y le deja en bandeja el gol a Leo. Cualquiera se hubiera esperado cualquier definición excepto la que hizo. Espera la salida de Almunia, y se saca de la manga un mini sombrero para deshacerse de él y acabar por empujar el balón a la red con una volea, al igual que el que le enseña un caramelo a un niño y al final acaba comiéndoselo él. Colosal.

Antiguo San Mamés, como si el estadio hubiera pedido una rúbrica para su final. El Barça pierde por la mínima en el primer cuarto de hora de la segunda parte, cuando Leo recibe de Thiago y decide él solo desatascar la tela de araña bilbaína de hasta siete jugadores. Alarga el primer control y empieza a cambiarse el balón de pie a pie como si estuviera haciendo malabares mientras se escabulle entre cuatro jugadores rivales y dispara rasito a la cepa del poste derecho de Iraizoz. Tremendo.

Semifinal de Champions 2015, Leo recibe la pelota y encara a Boateng que se perfila ofreciéndole la derecha como carril libre al argentino, como si por ahí no hubiera peligro. Entonces el 10, decide que optará por la jugada de siempre, irse hacia su izquierda retando al jugador alemán. Cuando le convence que esa será su opción final con un sutil giro de tobillo cambia de decisión y hace caer al defensa bávaro como si de un muñeco se tratase y supera a Neuer picándole el balón con su pierna “mala”, si es que no es delito ponerle ese adjetivo. Extraordinario.

Benito Villamarín, el partido se asoma al pitido final, Messi encara y se encuentra un muro de jugadores verdiblancos en la frontal y decide apoyarse en Rakitic, que le vuelve a ceder la pelota como diciéndole “invéntate algo”. Leo se saca de la manga una mega vaselina que supera a defensas y a Pau López que ve como el balón entra rozando el larguero sin saber ni cómo ni por dónde le había pasado. En ese momento, el campo andaluz parecía Cam Barça y los aficionados béticos corearon el nombre de Leo como si de un jugador propio se tratase. Maravilloso.

Víctor Diosdado @victordisloke

Colaborador

Fundación Eric Abidal

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