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Jorge Valdano comentó una vez que el fútbol es un estado de ánimo. Cuando el jugador tiene confianza y ganas de demostrar le sale casi todo bien, es atrevido y quiere gustarse, incluso la fortuna le sonríe. Pero en el momento en el que ese vigor empieza a diluirse la portería se hace más pequeña, los errores se repiten y la inspiración no termina de brotar. La línea que separa la gloria del estrellato es muy fina, y un pequeño traspié puede llevarte del cielo al infierno en cuestión de segundos. La mentalidad es primordial en un deporte como el fútbol, y hay jugadores que, si no se sienten importantes, se acaban desconectando. Y eso fue lo que le pasó a Philippe Coutinho.

 

El brasileño aterrizó en Barcelona en enero de 2018 como el jugador que debía darle al Barça un salto de calidad diferencial. Apostó por salir de un Liverpool (que empezaba a carburar) con la sensación de que se le quedaba pequeño para explotar definitivamente al lado de Leo Messi. Tras el adiós de Neymar unos meses antes, Valverde potenció el colectivo y organizó el equipo en un 4-4-2 que dio un rendimiento fantástico. Coutinho llegó para mejorar el plan y dotar al equipo de una creatividad en tres cuartos que, con Iniesta en una edad avanzada, había perdido fuelle.

Los primeros seis meses del brasileño fueron notables. Se adaptó rápidamente al plan y cuajó buenos partidos. Pero con el inicio de la temporada 18/19, el fútbol de Coutinho se apagó. La marcha de Iniesta dejó un vacío enorme en el centro del campo que el carioca debía de ocupar. Según Robert Fernández, Coutinho era el recambio ideal del manchego. Inició el curso en esa posición. Valverde devolvió a Messi al costado derecho y apostó por el 4-3-3 de siempre. Pero Arthur irrumpió con fuerza tras su exhibición en Londres, y Dembélé, jugando por el flanco izquierdo, abandonaba la banda con asiduidad para conectar con sus compañeros por dentro. Este nuevo contexto limitó a Coutinho, ya que le restó libertad para ofrecerse entre líneas y se quedó sin la posición idónea donde hacer valer sus virtudes.

La mayor inversión de la historia del club no podía quedarse en el banquillo, la junta directiva no podía permitirse que un jugador de 160M terminara en fracaso. Entonces Valverde optó por quitar a Dembélé y situarle como extremo izquierdo, una decisión que acabaría siendo fatal. Coutinho siente el futbol desde la conducción y el pase, no tiene el desborde ni velocidad para recibir el balón en una banda y romper hacia dentro. Valverde le pidió que fuera algo que no es, y su impacto en el juego fue decreciendo a medida que la apatía iba acentuándose en su actitud. La sonrisa de sus primeros días fue reemplazada por un rostro inexpresivo, desganado, como si jugar a futbol pasara a ser una obligación. Su toma de decisiones cada vez era peor, y en los partidos fue perdiendo importancia en el juego hasta el punto de que llegaba a pasar desapercibido. La derrota en Anfield pedía cambios en la plantilla y, tras su decepcionante temporada, Coutinho puso rumbo a Múnich.

Con el Bayern tampoco ha terminado de recuperar su mejor nivel, pero dejó entrever que su calidad seguía intacta. Regresó al Barça y yo era de los que pedían su salida para intentar recuperar la inversión, pensando que era irrecuperable. Pero Koeman lo pidió y ha apostado fuerte por él. El nuevo esquema favorece a Coutinho en todos los sentidos, puesto que tiene libertad para recibir entre líneas, moverse por todo el campo y gozar de mayor peso creativo. Ahora se siente importante. Al final, el contexto lo es todo. El carioca vuelve a tener confianza y cree en sí mismo, y en sus primeros partidos con la casaca azulgrana lo hemos visto activo, participativo y con ganas de redimirse. Estar un año en un Bayern que despliega un fútbol espectacular a nivel físico y que imprime un ritmo frenético parece haberle venido bien. Es un Coutinho que piensa más rápido y actúa más rápido. Recuperar al mejor Coutinho parecía misión imposible, pero sus buenas actuaciones comienzan a despertar optimismo.

Valdano tenía razón. La mentalidad juega un papel fundamental en el fútbol. Ahora, lo difícil será que Coutinho mantenga esta confianza y evitar que se apague. El interruptor está en manos de Koeman.

Adrià Regàs @arq1027

Colaborador

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