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El primer partido del Barcelona en 2020 ha sido fiel reflejo de los propósitos de año nuevo que todos nos planteamos. La intención es buena, pero la mayoría de ellos acaban diluyéndose sin resultado alguno. El Barça comenzó bien el encuentro, pero acabó cometiendo los mismos errores de siempre y se dejó dos puntos en el campo del colista.

Que el Espanyol iba a jugar el partido como si le fuera la vida se sabía de antemano. De hecho, los aficionados periquitos seguro desearían que su equipo jugara siempre contra el Barça. Desde luego, con la imagen mostrada sobre el RCD Stadium en este encuentro parece mentira que ocupen el farolillo rojo de la clasificación. Sin embargo, el conjunto azulgrana supo sobreponerse al ímpetu inicial y controló el partido la mayoría del tiempo en la primera mitad.

El gol blanquiazul llegó de una jugada aislada, a balón parado, en el primer remate a puerta del Espanyol. Al equipo de Valverde le faltaba profundidad, ya que no generaba tampoco ocasiones de gol, pero tenía tal dominio sobre el encuentro que parecía que este era inevitable. No obstante, y una vez por detrás en el marcador, la solución del técnico era la misma de siempre: Arturo Vidal.

El chileno salió tras el descanso por Ivan Rakitic y, si bien es cierto que el equipo se mostró más incisivo, perdió el control, una de las pocas cosas positivas del primer tiempo. El Barça logró darle la vuelta al marcador en pocos minutos, liderado por un Luis Suárez muy acertado en las acciones técnicas. En el primer gol azulgrana remató de primeras un buen centro de Jordi Alba y en el segundo asistió a Arturo Vidal tras una gran jugada individual.

Esta remontada iba a quedar neutralizada en el tramo final del partido por un gol de Wu Lei, pero los motivos debemos buscarlos bastante antes. La entrada al campo de Arturo Vidal efectivamente rompió el guión del encuentro. Pero esa misma sacudida que provocó el vuelco en el marcador acabaría costándole dos puntos al Barcelona. El centro del campo pasó a ser sostenido únicamente por Busquets y De Jong, que no daban abasto. Y una vez expulsado el holandés, el equipo tuvo que reestructurarse con Sergi Roberto, acuciando el mismo problema numérico con aún menos calidad individual.

Lo más preocupante, más allá de haber empatado en casa del último clasificado y rival vecinal, es que el equipo azulgrana sigue cometiendo los mismos errores de la era Valverde. Parece incapaz de crear peligro desde el juego de posición, necesita romper los partidos para ganarlos, pero ese mismo descontrol se vuelve una moneda al aire que ya en demasiadas ocasiones ha salido cruz. El debate del estilo es profundo y únicamente se podía justificar su pérdida en base a lograr resultados positivos. Si ahora, además de renunciar al estilo de juego, tampoco se consiguen victorias, ¿cuánto tiempo más aguantará Valverde?

Alejandro Montesinos @alejandroms1989

Colaborador

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