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Habitualmente, los días después de una derrota en un Clásico son de luto y esconderse en la cueva. Son días donde los culés tenemos que aguantar risas y burlas de compañeros de clase, trabajo y familiares por qué nos ha ganado nuestro máximo rival y lo debemos aceptar. Esto también es la gracia del futbol.

Sin embargo, la resaca de este último Clásico es completamente distinta. Sí, el Barça perdió, y sí, des de Madrid continúan haciendo los mismos comentarios burlescos y las mismas risas, pero de una manera extraña. Se percibe cierto nerviosismo en la capital y esto, aun habiendo perdido, es una muy buena noticia para el Barça. Significa que algo se está haciendo bien.

La sensación que nos quedó después del partido fue casi de victoria, ya que este club ha aprendido que lo que le distingue de los demás equipos del mundo es el camino para ganar. Tener un estilo determinado de juego y saber siempre cuál es la manera en que buscas la victoria te permite ser feliz incluso en la derrota. En Madrid, en cambio, nunca podrán decir eso.

El pronóstico mayoritario en la previa del encuentro era una goleada del conjunto blanco, los madridistas se veían ganadores antes de jugar el partido. Sin embargo, este sabor agridulce que navega por la boca merengue una semana después y el orgullo que sentimos los barcelonistas durante todos estos días quiere decir que el Barça está volviendo, y ya se siente preparado para volver a competir con los grandes y, poco a poco, ganar. Ya lo avisó el presidente Laporta durante la presentación de Ferran Torres -un fichaje que también pone nervioso a la mente madridista- con un mensaje claro y conciso: “Que todo el mundo se prepare por qué el Barça ha vuelto”.

Incluso parece que se ha diluido un poco la ilusión desmesurada que existe en Madrid por la contratación de Mbappé al ver que tienen en contra una maravillosa generación de jóvenes futbolistas dispuestos a reinar el futbol europeo la próxima década. Los nombres de Pedri, Ansu, Gavi, Nico y Araujo, entre otros, provocan envidia y pesadillas en aficionados y periodistas del Real Madrid. Y si hay algo que ya los acaba de rematar, es que a todo este engranaje de jóvenes ‘cracks’ se le pueda sumar, muy posiblemente, una de las estrellas mundiales del futbol actual, Erling Braut Haaland.

Quién ríe último ríe mejor. Este es el lema a tener en mente y los barcelonistas parecen estar muy tranquilos y concienciados al respecto. Si mostrar ilusión y satisfacción por el rendimiento del Barça es un delito para los seguidores blancos y medios de comunicación de la capital, los culés estarán encantados de ser detenidos.

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