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Fuimos felices sin ser lo suficientemente conscientes de ello. Y ahora lo echamos de menos. 51 días sin fútbol. Se dice pronto, pero cuesta asimilarlo. Y es que una vida sin fútbol es menos vida.

A menos que, salvando los muebles, tengamos en cuenta el apasionante fútbol bielorruso, la liga de Nicaragua o la primera división de Burundi, todavía en activo con partidos a puerta cerrada y algunos con puertas abiertas a los intrépidos fanáticos locales. 

El presidente del país europeo, incluso, instó a sus compatriotas a que “vayan a la sauna, beban vodka y trabajen mucho para matar el virus en su organismo”. Una recomendación digna de admiración en el último rincón del continente europeo donde todavía se puede ver algo de fútbol. Por muy malo que sea. 

En España, de momento, todo sigue igual. Todo paralizado desde la jornada 27 disputada el pasado 7 y 8 de marzo. Casi dos meses. 73.440 minutos sin un ápice de fútbol en el Camp Nou ni lejos de él. El último partido que se disputó en Can Barça antes del parón fue aquel lejano Barça-Real Sociedad en una fría tarde de sábado el 7 de marzo a las 18.30. 

Por aquel entonces, el conjunto azulgrana llegaba espoleado tras la derrota por 2-0 en el Clásico del Bernabéu y con la obligación de conseguir la victoria. Enfrente, el conjunto txuriurdin, una de las revelaciones de la presente temporada, clasificado para la final de la Copa del Rey y en puestos de Liga de Campeones. Un duelo de altos mandos. Uno de aquellos partidos que cuesta sacar y en los que el Camp Nou aprieta hasta el final en medio de la incertidumbre y los nervios por un nuevo pinchazo que permitiese al Madrid ahondar en su ventaja como líder. 

Aquella tarde de sábado, el recién llegado Martin Braithwaite disfrutaba de su primera titularidad con el FC Barcelona. El danés formaba en línea de ataque junto a Leo Messi y Antoine Griezmann. Una tripleta inédita hasta el momento que tuvo sus más y sus menos en un partido incómodo para los culés frente a la buena disposición táctica de los de Imanol Alguacil. Un auténtico duelo de pizarras entre el técnico azulgrana y el donostiarra, que mantuvieron el empate a 0 hasta casi dar por terminado el encuentro. 

La conexión Messi-Braithwaite rompió un poco el guión inicial y puso especialmente en peligro a Remiro en los primeros 45 minutos, aunque el partido no se rompió hasta bien entrada la segunda mitad. 

El entramado táctico de la Real Sociedad se fue desmoronando con el paso de los minutos, y el Barça recuperó el control que no tuvo en el primer tiempo. El cansancio empezó a hacer mella entre los blanquiazules y las ocasiones empezaron a caer por sí solas. 

Con el Barça más volcado en el último tercio del encuentro, la Real dispuso de alguna ocasión a la contra con la propulsión de Portu, Barrenetxea y Willian José frustrada por la buena disposición al repliegue de Piqué y Lenglet

Minutos más tarde, el gol por fin llegó. Con polémica, eso sí. Corría el minuto 80 de partido, cuando unas manos dentro del área de Le Normand, tras la revisión del VAR, fueron castigadas con pena máxima. 

Messi no perdonó y condenó a la Real con un tiro ajustado al palo que puso el justo y definitivo 1-0. Un gol que valió tres puntos para poner presión al líder, que se jugaba el liderato en su duelo ante el Real Betis en el Villamarín

Tanta fue la presión que los de Zinedine Zidane dejaron escapar la oportunidad de mantenerse líderes en la jornada “post-clásico”. 2-1, un nuevo pinchazo de bulto. Lo que nadie podía imaginar es que el Barça seguiría líder casi dos meses después sin haber jugado un solo partido más desde aquel lejano 7 de marzo. 

Todo por culpa de un virus que lo frenó absolutamente todo. Un virus que no distingue de colores ni de aficiones y que castiga cualquier imprudencia. Despiadado, nos arrebató lo más valioso que teníamos, lo que nos hacía olvidar nuestros problemas y nos hacía amar unos colores por encima de todo. Somos huérfanos de fútbol y carecemos de un sentido para comenzar el día con fuerzas sabiendo que tenemos un partido esperándonos a punta de sofá al caer la noche. Ojalá volver a cuando fuimos felices

Iker Lloveras @LloverasIker

Colaborador

Fundación Eric Abidal

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