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El 10 del Barça colabora con la
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Pasan las jornadas y el Barça sigue sin encontrarse. Sin una hoja de ruta clara, el cuadro azulgrana navega a la deriva a pesar de mantenerse en lo alto de la clasificación. Con un fútbol plano, con tendencia a la horizontalidad, sin apenas movimiento sobre el césped y con una velocidad de circulación baja, el elenco de Valverde solo transmite desesperación. Porque ver jugar al Barça es aburrido. Has leído bien: aburrido. Un adjetivo que, seguramente, hace pocos años nadie creía que podría usarse para referirse al club culé.

Aferrado al puro y duro resultadismo, el FC Barcelona ha pasado de la excelencia futbolística a la triste mediocridad. Es un Barça pobre, apagado y sin actitud. Y ver la pasividad de la directiva sobre esta situación me saca de quicio. Ver como el estilo que nos hizo grandes se diluye con el paso de las horas y que nadie haga algo al respecto es irritante. La nula confianza en la cantera, la apatía que propaga el entrenador y la poca confianza en algunos fichajes son cosas que uno nunca lograra entender. Duele ver como Riqui Puig, un chaval que ha demostrado estar más que preparado para jugar en el primer equipo, se pudre en Segunda B. Luego se lo llevan a Milán y a Catar, dando ilusión al jugador de que su sueño desde pequeño cada vez está más cerca. Pero vas y lo dejas en la grada. Sí, en la grada. ¿Qué debe pensar Riqui Puig cuando Valverde le dice que no está en la lista de convocados? ¿Para qué te lo llevas si no va a estar ni en el banquillo? También duele ver la gestión con Aleñá, viviendo en el ostracismo sin razón alguna. Y cuando vuelve a tener minutos y exhibe la calidad que atesora, lo ceden al Betis.

El Barça está hundido anímicamente. Los jugadores miran al banquillo y ven a un hombre que transmite tristeza. Que tiene la misma cara cuando gana que cuando pierde. El semblante decaído del técnico se proyecta en el césped. Valverde no contagia la energía necesaria en momentos complicados. En Anfield, tras el cuarto gol del Liverpool, no había movimientos de Valverde para animar al equipo. Al mismo tiempo, Klopp no paraba de hacer aspavientos, correteando y gritando como un hincha más, y todos sabemos cómo acabó. También lo veíamos el otro día en Simeone: corriendo por la banda, desgañitándose como el que más, los once jugadores colchoneros que estaban sobre el verde eran la personificación del “Cholismo”. Los jugadores lo notan, y esto les da el aura necesaria para lograr el objetivo. En el Barça no hay nadie así, y si los jugadores se desconectan, no hay quién los reactive.

Un servidor fue el pasado día 18 de diciembre a ver su primer Clásico en el Camp Nou. Uno piensa que en partidos de este calibre la cosa cambiará y que los jugadores saldrán motivados, se gustarán y golearán a su eterno rival. Pero nada más lejos de la realidad, fue más de lo mismo. Sentí impotencia viendo como el Barcelona no podía retener el balón más de 5 segundos. La rabia de contemplar como tu equipo es superado, sin argumentos para salir con el balón jugado, incapaz de tener el control del partido en tu propio estadio. Me fui del estadio dolido, asumiendo la mediocridad en la que el Barça se ha instalado y con la sensación de haber tirado noventa minutos de mi vida a la basura.

Es triste ver jugar a tu equipo y tener ganas de que pierda para que explote todo, para que haya cambios. Para que esta agonía acabe de una vez. Ganas de un proyecto nuevo, de caras nuevas, de jugadores jóvenes. Ganas de una frescura necesaria que nunca llega.

Este Barça me saca de quicio. Veo todos los partidos, pero no disfruto. Me divierte más ver jugar a la Real Sociedad o al Ajax. Algunos nos dirán que sin Xavi e Iniesta no se puede jugar como antes. Es que yo no pido jugar como antes. Yo pido actitud, energía, hambre de victoria, y mostrar un buen nivel de juego. Y con esta directiva, este entrenador y estos jugadores es prácticamente imposible.

Señor Bartomeu, haga el favor y convoque elecciones. Ya ha gobernado este club mucho tiempo, ya ha demostrado que no cree en el cruyffismo ni en la cantera. Pero ese estilo caracteriza al Barça, y hay que recuperarlo. Señor Valverde, haga el favor y márchese. Su imagen como entrenador se va deteriorando por momentos. Los aficionados no le recordarán por las dos ligas ganadas, sino por las debacles de Anfield y Roma. Váyase y llévese con usted la amargura y la tristeza que exterioriza.

Quiero que esta agonía acabe cuanto antes. Quiero volver a disfrutar viendo a mi equipo como siempre había hecho. Basta de resultadismo. Yo me quiero divertir.

 

Adrià Regàs @arq1027

Colaborador

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