Ayer, Leo Messi dio una nueva lección de lo que es verdaderamente el fútbol, o de lo que debiera ser, es decir magia, espectáculo, belleza.

Y es que para ser el quinto mejor jugador del mundo, para no ser, según Florentino y los suyos, ni aspirante al podio, dio una lección y dejó en ridículo una vez más a esa organización que, han llevado al Balón de Oro a un nivel de desprestigio desconocido.

Y la comparación se hace aún más ridícula viendo jugar al ”ganador” del  Balón de Oro, que ya nadie sabe si es titular o si el míster prefiere a Ceballos en su puesto.

Durante años, en la artificial polémica sobre si Cristiano o Messi eran el mejor del mundo, artificial porque nadie en su sano juicio se lo plantearía, al menos el portugués presentaba una hoja de servicio llena de goles y con triunfos en la Champions, y aunque solo fuera por estadística, esa ciencia de la que dicen que es como un bañador, que muestra muchas cosas pero que esconde lo verdaderamente importante, podían engañar a algunos.

Pero Cristiano se fue del Madrid y Florentino no podía permitir que esa traición tuviera premio, y tanto se empeñó que terminó arrastrando a toda la organización, incluyendo a France Football, al ridículo más espantoso.

Hoy mucha gente se plantea cómo y por qué se vota a Modric dejando a Messi fuera de los puestos de prestigio.

Y cada vez más gente va a preguntarse por cuanto.

Antonio Salcedo

Colaborador

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