Seleccionar página

Verano del año 2003. Los niños llenábamos las plazas y parques de los pueblos disfrutando de un caluroso mes de Julio. Las pachangas futboleras al fresquito después de un día duro de piscina no podían faltar. Los mayores se bajaban al bar más cercano a beber cerveza y a hablar de cosas cotidianas de la vida, pero, sobre todo, a hablar de fútbol. En nuestro barrio éramos unos privilegiados tocados por la gracia de dios, pues el bar del barrio era nada más y nada menos que la Peña Barcelonista. Ese maravilloso templo donde nuestros padres nos enseñaron la pasión más bonita que conoceríamos en nuestra vida, ser del Barça.

Y la verdad que ser del Barça por aquel entonces era una espiral constante de sufrimiento. La maldita época oscura de Gaspart. Y sumándole al recién nacido Madrid de los galácticos y de un tal Florentino Pérez, que llegaba a la casa blanca en el año 2000 haciendo una de las jugarretas más doloras que le han hecho al barcelonismo, arrancarle a su ídolo y capitán de entonces, Luis Figo. Joan Gaspart no supo gestionar los diez mil millones de pesetas de la época que dejó en las arcas el portugués, y tiró el dinero en nefastos fichajes que le llevaron a la dimisión del cargo en el mes de Febrero del 2003, en una de las peores temporadas de la historia del Barça, que acabó con una vergonzosa sexta posición en Liga, sin plaza para Champions y relegado a la UEFA, lo que hoy conocemos como Europa League. La sangre que hizo la caverna, imaginaos…

Aquello llevó al Barça a unas elecciones y Joan Laporta llegaba al cargo con la promesa bajo el brazo de que traería a David Beckham, el crack inglés del Manchester United. Y adivinen quien apareció otra vez. Aunque la historia ya la sabemos todos más que de sobra. Florentino Pérez acababa con la promesa de Laporta y llevó a Beckham a vestir de blanco. Esta jugada sería clave, pues aquí cambió nuestra historia para siempre. Bendito el fichaje de Beckham por el Real Madrid.

Laporta y el vicepresidente de entonces, un tal Sandro Rosell, decidieron mover ficha. El Manchester United, tras la venta de su estrella, tenía atado a un brasileño que encandiló al mundo con su sonrisa y su magia en el mundial de Korea y Japón del 2002, Ronaldo de Assís Moreira, “Ronaldinho Gaúcho”. Laporta cerró el precio con el PSG y Rosell se fue a convencer al brasileño, del que ya mantenía una estrecha relación gracias a los trabajos de Sandro con Nike en Brasil. Tarea difícil, pues el fichaje del Gaucho por el United estaba más que hecho, o eso parecía.

Y una tarde de Julio todo cambió. “Han fichado a Ronaldinho, el Barça ha fichado a Ronaldinho, este es bueno, muy bueno.”, oímos decir a nuestros mayores. La tarde del 21 de Julio del 2003, los niños del barrio dejemos el balón y la plaza a un lado para pegarnos al televisor. El amor hacía el ídolo fue a primera vista. Su característica sonrisa, el saludo “surfero” y los malabares con el balón, propiciaron la presentación más importante de un jugador en la historia del Barça. Más de 25 mil personas llenaron el Camp Nou para asistir al nacimiento de un nuevo ídolo. Aquello fue maravilloso. Las plazas y parques se llenaron de nuevo, niños del Barça, del Madrid, del Atlético, todos estábamos unidos, hablando de Ronaldinho, intentando imitar sus malabares y regates con el balón. Si nos saludábamos o nos despedíamos al volver a casa, hacíamos el gesto de Ronaldinho. Si elegíamos ser un jugador, todos querían ser Ronaldinho. Si comprábamos cromos, todos queríamos el del Ronaldinho. Algo cambió para siempre. El resto, es historia…

Dos Ligas, dos Supercopas de España y una Champions League se llevó el brasileño en su palmarés como blaugrana. A cambio nos devolvió la sonrisa, y cambió la historia para la eternidad. Hoy el Gaucho de Porto Alegre vive, probablemente, sus peores días. Entrar a Paraguay con pasaporte falso le ha costado la detención y prisión preventiva junto a su hermano Roberto, pudiendo estar hasta 6 meses en prisión. Su imagen filtrada desde dentro de la cárcel, en tirantes y chanclas, como un preso más, y sin perder la sonrisa, ha partido el corazón a muchos de sus fans. Ahora le toca aprender, y resurgir entre sus cenizas. Dicen que por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. Ronaldinho Gaucho, historia de un ídolo caído…

Daniel Álvarez

Colaborador

Fundación Eric Abidal

El 10 del Barça colabora con la
Fundación Eric Abidal

Fundación Eric Abidal

El 10 del Barça colabora con la
Fundación Eric Abidal

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ver otras noticias de nuestro blog
Share This