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Fin de la historia. Ilaix Moriba ya no es jugador del FC Barcelona. El RB Leipzig firmará al joven canterano por 5 temporadas y el precio de traspaso rondará los 20 millones de euros. 16 más variables. El Barça se reserva un 10% de una futura venta (algo bastante probable en un club reclutador de talento y vendedor como es el Leipzig).

Club, entrenador, presidente y aficionados se quitan un gran peso de encima. Un lastre que no hacía más que ensuciar la imagen de la entidad. Una mirada egocéntrica de la realidad por parte de un futbolista contagiado de narcicismo y un afán de billetes que nada tiene que ver con los valores enseñados en la Masía.

Hay quienes dirán que su entorno no le hace ningún bien, y razón no les falta, pero aquí quien manda es el futbolista. Con 18 años muchos jugadores ya son capaces de ver quiénes les están haciendo bien y quiénes son los que buscan lucrarse a su costa, pasando por encima del sentido común en lo deportivo y en lo moral. Ilaix todavía no se ha dado cuenta. Algún día lo verá, seguro que sí.

El joven centrocampista de Guinea Conakri verá satisfechas sus pretensiones económicas en Alemania, algo que estuvo lejos de conseguir en Can Barça. Tan descabelladas fueron las cifras que pedían los representantes del futbolista (la agencia ROGON, quien curiosamente también representa a Sabitzer, recién traspasado del RB Leizpig al Bayern, guiño guiño) que el club no cedió en ningún momento. Cruz y raya, y a otra cosa. Si llegaba alguna oferta, bien, y si no a la grada. Una lección de realidad para que los jóvenes talentos que vienen de abajo vean cómo no se tienen que hacer las cosas cuando uno aterriza en el fútbol profesional.

Cerrada la operación, negocio redondo para el club. Beneficio neto para dentro y toxicidad fuera. Con Pedri, Gavi, Nico, Demir y Riqui (?) nadie se acordará de Ilaix. Para el futbolista, la herida tardará en cicatricar, y su adaptación a Leipzig no será nada fácil. El fútbol alemán se adapta bien a sus características, pero con 18 años y menos de 20 partidos en la élite todavía tiene trabajo por hacer.

La salida de Sabitzer le abre alguna puerta en los planes de Jesse March, pero por delante tiene a Haidara, Kampl, Laimer y Adams en el doble pivote, donde se supone que entraría. Minutos tendrá, seguro, pero tendrá que dejarse de historias en los despachos para volver a jugar al fútbol, que es lo que le debe importar.

Iker Lloveras

Colaborador

Fundación Eric Abidal

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